Dentro del microscopio hay una cabeza

9 Feb

Y en la cabeza una corona. Y en la corona un cuento. Y en el cuento que hay en la corona que está en la cabeza del interior del microscopio hay una coma. ¿A quién le podría importar una coma? Nadie mata por una coma. La gente no se suicida cuando ha perdido una coma. Hay desahucios que se firmaron sin una sola coma.

Historias de amor que se destruyen coma por coma y de las que sólo duele el lugar o el momento del punto.

Pero una coma dentro de una cabeza dentro de un microscopio cobra una relevancia casi mística. No todo el mundo puede presumir de tener una coma en la cabeza. Ahí, en el córtex, en el cuento. Una coma perfectamente colocada que ha recorrido sangre, ríos, óleos pesados, borrones de culto saltando en los genes, subiendo por la traquea hasta el cerebro.

Una estirpe de elegidos que puede presumir de su coma sobrevivirá a tiros, a elefantes, a amantes rubias, a la droga de diseño en pantalones de colores, a trenzas como espigas secas, a un libro. La estirpe de elegidos podrá colgar su coma en una bandera. Podrá echarse la bandera a la espalda y moverla de derecha a izquierda mientras la masa aplaude. La estirpe podrá hacer un garabato en la tela de la bandera o, incluso, usarla libremente en el lavabo. La estirpe estará por encima de la conciencia. Por encima de lo real, de los dientes, arriba, tan arriba como la coma.

¿A quién?, ¿a quién le podría importar una coma? ¿A quién no han dormido con un cuento?

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