Que cada uno canta como le sale de

4 Mar

Empezar por lo que envuelve las cuerdas vocales es mirar hacia una garganta rayada con lápiz blanco. Ese era el uso del lápiz blanco. Un lápiz a sabiendas condenado a la exclusión o a la eternidad (según se mire), apartado y señalado entre todos los colores de la caja de lata, generación tras degeneración.

Quién sería capaz de darle un papel oscuro y principal quizá no lo pretendiese: líneas sobre gris, líneas cuidadas, desordenadas, libres, verticales como columnas construidas para ser dibujadas por una voz que revolucionaría octubre. Y aquí están, entre mis manos, cantos con historias paralelas, cantos críticos con jaculatorias, cantos interiores, cantos de futuros… y, para recordarnos la importancia del sonido, un canto repleto de onomatopeyas, una viñeta autobiográfica. Esto es una portada de un libro. El último libro de María Eloy-García “Los cantos de cada cual“.

A María Eloy no la conocí del todo en un bar, pero sí que me la llevé apuntada en una hoja cubierta con su nombre en la mesa de uno. Tras realizarle un examen  googleniano, la escuché en ese garito llamado Lyrikline. Sonaban bien, sonaban a letras que se encuentran de casualidad paseando por una calle y se sorprenden porque, a pesar de ser del mismo planeta, vecinas de balcón, no llevan las suelas gastadas o, sencillamente, los mismos zapatos. Porque la poesía de Eloy tiene algo que, personalmente, me cautiva: originalidad poética (que no es fácil). Sumo a sus cantos, el canto propio de quien los escribe que, como dijo no sé quién “poetiza lo cotidiano y cotidianiza lo poético”. Touchè.

“Los cantos de cada cual” es, por tanto, el primer libro de la escritora que habita en mi casa desde que A. se lo arrancó a Madrid. No lo siento. El acto quirúrgico tuvo a bien finalizar pues en territorio gallego, cerquita del Portugal de Pessoa que, junto con Proust, hila con citas todas las partes, todos los cantos de un libro que se presentaba así “El desencanto, la tristeza, el desánimo, el desasosiego y todas esas cosas que llevamos dentro y que ahora no está de moda echar afuera. El poeta como catapulta de su miseria, el espectáculo de la derrota de estar vivo. Viva”. Y cómo no quererlo. Porque, sí, a todos nos conquista lo que se nos parece más que lo que nos invita. Esto sí que lo siento. Pero no son cantos titánicos (de hundimiento, interprétese), no son lamentos, no es odio (ni auto-odio, ni moto-odio), no son budú, no son baladas cortavenas ni… No. La política, ciencia, la sátira humana, la realidad del puerta con puerta, de una sociedad con “u”, de la ceniza que nos derrota y nos delata… son cantos para una música que se plantea cada nota que la forma. Y no hay palabra que esté por estar, ni palabra que no le dé un nuevo significado a su significante. Encuentras la vida, el recuerdo… y, si tienes suerte, quizá te encuentras a ti, parte de

la naturaleza tiene copyright

la publicidad de la naturaleza es la repetición

la semilla lleva todo el espectáculo del árbol

dentro de una cabeza en diminuto

la gran maqueta del universo

nada puede hacerse sin pagar los derechos

así que si la enfermedad es un impuesto

para vivir en el cuerpo

la muerte es la exención

de todas las facturas del mundo

¿qué esperar pues del señor en su ventanilla

sino imitar perfectamente a la naturaleza?

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