Tráfico al egoísmo conceptual

15 Jun

Encontré una caja de cartón repleta de intermitentes. Estaba al fondo del armario. Cogí una silla para poder acercarla al final de la balda y así tocar tarima flotante con ella en brazos. Me hace gracia que se llame tarima y que se llame flotante cuando pienso en “tarima” y la miro y… no, no se parece y, cuando pienso en “flotante”, la observo, no flota.

Hay una cafetería en la ciudad que está abierta durante 24 horas, como Internet. Madera y mármol y unas patatas fritas del ’92 colgando del polvo de un cordel. Señores con boina jugando al ajedrez, adolescentes con boina jugando al Candy Crush. Un ambiente bastante homogéneo y sin embargo abierto, respetuoso. Es un bar con solera en los que se sirven historias. Como la de aquella mujer totalmente desconocida que se inventaba infidelidades propias y ajenas en lo que se enfriaba un té o la de un tal Adrián (que podría ser cualquier Adrián del mundo) relatando sin ningún pelo y todas las señales el último concierto que se perdió en tu cama. Y tú que en ese preciso instante cambiabas las sábanas, deberías haber pasado por la ventana en blanco y negro. Es una fotografía mental preciosa, imagínatela: alguien desde dentro fotografiándote de memoria a través de la ventana. Los coches, los semáforos y el agua de la fuente, todo congelado mientras tú caminas.

Descargué mi hallazgo encima de la mesa de mármol. Pedí un zumo de melocotón y lo coloqué justo a la derecha de la caja de cartón. A unos 5,6 centímetros. Vi pasar a un perro que se parecía a otro perro. En realidad no tenía sed. ¿Cuánto de lo que hacemos es real? ¿Si me dices que haces algo por mí, es que lo haces por mí o lo haces porque sabes que en algún momento puedes sentirte bien recordando que lo has hecho? 

Tenía delante una respuesta tan obvia que me bebí el zumo lentamente. Observar el mundo desde fuera es como mirar por la ventana: si tú no estuvieses cambiando las sábanas o si el perro pasase otra vez. Como en las películas. Observar el mundo desde fuera es doblegarse, literalmente abandonarse, quizá.

Si volviésemos a existir como algo aprovechable lo haríamos con doble capa, como el papel. Un coche en marcha con los retrovisores cerrados.

Doblegada el último trago empieza a llover. Sé que el infierno está en las rotondas. Que los conductores son los dueños de esto que encontré y no están en este bar.

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Una respuesta to “Tráfico al egoísmo conceptual”

  1. zeltia octubre 15, 2016 a 20:19 #

    “Los coches, los semáforos y el agua de la fuente, todo congelado mientras tú caminas.”

    Estou dentro! 😉

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