Una garza blanca que no existe

9 Sep

Una mujer de espaldas parece ignorarlo todo. La columna vertebral es un elemento punzante. Cuando cojo tu mano y la muevo desde la parte baja del cuello hasta el cierre del sujetador, siento que estoy marcando tu piel con un corte invisible. La mujer es una garza blanca que no existe y sus piernas están enroscadas y desnudas sobre un cuerpo frío.

Cuando dices que puedes verlo todo estás hablando también del esfuerzo de mirar hacia abajo. Mirar hacia abajo, ignorar, omitir, no sé, a veces no encuentro la palabra. Tu cuello estalla y yo lo siento. ¿Sabes decirme cómo se le llama a eso?

Vendrán artefactos peores. Jabón de glicerina hacia la última vértebra de cara al suelo. Este espejo. Mis uñas podrían cortarlo en pedazos y quizá así nos volveríamos visibles: tantas nosotras multiplicándose sobre la plaqueta no deberían pasar desapercibidas. Luego, ¿quién vendrá a recoger todo esto? ¿Quién se manchará las manos con su propia herida?

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